Las fiestas pueden ser un momento hermoso… pero también desafiante. Hoy te comparto una mirada más profunda y consciente para atravesarlas con respeto, empatía y bienestar emocional.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
23 de diciembre de 2025

Las celebraciones de fin de año suelen estar llenas de expectativas: “estar bien”, “pasarla genial”, “compartir en familia”, “cerrar todo perfecto”.
Pero… ¿qué pasa si no te sentís así? ¿Qué pasa si esta época te activa emociones encontradas, te genera ansiedad, incomodidad o simplemente te deja pensando más de lo habitual?
Las fiestas ponen sobre la mesa vínculos, historias, comentarios, comparaciones y dinámicas que a veces pueden resultar sensibles o incluso dolorosas.
En medio de los brindis y los reencuentros, aparece algo fundamental: el respeto hacia la vida del otro.
Y dentro de ese respeto, hay algunos puntos que vale la pena recordar:
Puede sonar inofensivo decir:
“¡Te veo más delgad@!”
“¿Estás más gordit@?”
“Te noto cambiad@…”
Pero la realidad es que nunca sabemos qué hay detrás de esos cambios. Cada persona transita su propio camino con procesos de salud, problemas de autoestima, trastornos alimentarios, duelos, estrés, cambios voluntarios o involuntarios.
Por eso, no opinar sobre la apariencia física es una manera concreta de cuidar.
En estas reuniones suelen aparecer comentarios o preguntas como:
“¿Y para cuándo el novi@?”
“¿Todavía vivís con tus padres?”
“¿No pensás tener hijos?”
“¿No cambiaste de trabajo todavía?”
Aunque no haya mala intención, muchas veces pueden se dolorosas. Quizá la persona esté atravesando: un duelo, un proceso de separación, infertilidad, dificultades laborales, proyectos frustrados, decisiones personales que no quiere explicar.
Recordar esto nos invita a preguntar desde la empatía o, mejor aún, no preguntar aquello que sabemos que puede incomodar.
Algunas preguntas nacen de la costumbre, no de la necesidad, pero lo cotidiano no siempre es lo respetuoso. Preguntar sobre: salarios, embarazo, pareja, planes futuros, decisiones de vida puede resultar intrusivo y activar malestar, vergüenza o presión.
Podemos conectar desde otros lugares.
Estas fechas pueden ser más livianas si cada uno pone su granito de arena:
Elegir palabras que no lastimen.
Proponer temas de conversación ligeros.
Cuidar el modo en que preguntamos.
Tener presente que todos cargamos algo que el resto no ve.
Validar emociones, incluso si no coinciden con el clima festivo.
Respetar los silencios.
Celebrar no necesariamente implica exigir alegría.
No siempre la Navidad o el Año Nuevo son sinónimo de felicidad, muchas veces: se extraña a alguien, la familia no es un lugar seguro, las reuniones generan ansiedad, los comentarios lastiman, la soledad pesa, el balance del año moviliza.
Las fiestas pueden ser una oportunidad para practicar la empatía, la escucha y la amabilidad.
Que este fin de año te encuentre conectando con lo que necesitás, cuidando tus límites y compartiendo desde el corazón.
Si sentís que las fiestas te movilizan más de lo que te gustaría, estoy para acompañarte. Podés escribirme para encontrar formas de atravesar esta época de una forma más calma, consciente y alineada con vos.

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