Hoy quiero hablar de algo que muchas personas sienten, pero no siempre se animan a nombrar con claridad.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
16 de marzo de 2026

Quizás alguna vez dijiste “le tengo miedo a volar”, “no soporto las agujas”, “me paralizan las arañas” o “no puedo hablar en público”. A veces lo decimos casi en broma, otras lo minimizamos. Pero para quien lo vive, no es algo pequeño, es una experiencia intensa, angustiante y puede llegar a ser muy limitante.
Primero es importante decir algo fundamental: el miedo no es nuestro enemigo.
Es una emoción natural y necesaria. Nos protege. Nos alerta. Nos prepara para reaccionar ante posibles peligros. Gracias a él evitamos situaciones riesgosas y actuamos con mayor precaución.
El problema no es sentir miedo, el problema aparece cuando ese miedo se activa frente a situaciones que no representan un peligro real, o cuando la intensidad de la reacción es mucho mayor que la situación que la desencadena.
Una fobia es un miedo muy intenso hacia algo específico. Puede ser un objeto, una situación o una experiencia determinada. La persona sabe, en algún nivel, que ese temor es exagerado… pero aun así no puede evitar sentirlo.
No es algo que se elija.
No es algo que se pueda “apagar” con lógica.
No es cuestión de “poner voluntad”.
El cuerpo reacciona: el corazón se acelera, la respiración cambia, aparece la tensión, ganas de escapar, sensación de perder el control. Y muchas veces, la sola idea de enfrentarse a eso ya genera angustia.
Por eso, quien tiene una fobia no solo teme la situación en sí, sino también la ansiedad que cree que no va a poder manejar.
Para no sentir esa angustia tan intensa, empezamos a esquivar aquello que nos da miedo: cambiamos planes, reorganizamos rutinas, buscamos excusas, nos retiramos antes de tiempo, decimos que no. Y en el corto plazo, evitar alivia.
Pero en el largo plazo, la evitación fortalece el miedo y, sin darnos cuenta, comenzamos a vivir cada vez más pequeños, nuestro mundo se achica y las decisiones se toman en función del temor y no del deseo.
Ahí es cuando la fobia empieza a tener un impacto real en la calidad de vida.
Muchas personas sienten vergüenza por sus miedos. Se comparan con otros y piensan: “¿Cómo puede ser que yo no pueda con esto?”
Pero las fobias no tienen que ver con fortaleza o debilidad. Muchas veces se originan en experiencias pasadas, en asociaciones o en momentos donde nos sentimos desbordados.
Sí. Y este es el mensaje más importante.
Superar una fobia no significa dejar de sentir miedo de un día para el otro. Significa cambiar la relación con ese miedo.
Con acompañamiento profesional, es posible empezar a acercarse de manera gradual, segura y respetuosa a aquello que hoy genera tanto rechazo.
Es un proceso que requiere paciencia pero es profundamente transformador porque cuando alguien logra enfrentarse a eso que evitó durante años, no solo vence un miedo: recupera confianza en sí mismo.
Aceptar que algo nos genera un miedo desproporcionado es un acto de honestidad y valentía.
No se trata de etiquetarnos, ni de juzgarnos. Se trata de preguntarnos:
¿Esto me está limitando?
¿Estoy tomando decisiones desde el miedo?
¿Quiero seguir viviendo así?
Reconocerlo abre la puerta al cambio.
Las fobias son mucho más comunes de lo que imaginamos. Afectan a personas de todas las edades y contextos, no distinguen profesión, género ni personalidad.
Si convivís con un miedo que condiciona tu vida, buscar ayuda es un signo de responsabilidad hacia tu bienestar.
Imaginá cómo sería tu vida si ese miedo no decidiera por vos ¿Qué cosas harías? ¿Qué experiencias permitirías? ¿Qué oportunidades dejarían de quedar afuera?
El objetivo no es eliminar completamente el miedo, sino que deje de gobernar. Que puedas decir:
“Siento miedo… pero elijo avanzar igual.” Y eso, aunque hoy parezca lejano, es posible.
Si este tema resonó con vos y sentís que algún miedo está limitando tu vida, condicionando tus decisiones o afectando tu bienestar, quiero que sepas que no tenés que atravesarlo en soledad. Pedir ayuda es un paso valiente y profundamente transformador. Si querés comenzar a trabajar en tu relación con el miedo y recuperar confianza en vos mismo, podés ponerte en contacto conmigo. Estoy para acompañarte con respeto, calidez y herramientas que te permitan avanzar a tu ritmo. No permitas que una fobia trace los límites de tu vida, hay mucho más del otro lado del miedo.

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