¿Alguna vez te dijeron “no es para tanto” o “dejá de exagerar”? La invalidación emocional puede afectar profundamente cómo nos sentimos con nosotros mismos y con los demás. En este artículo te invito a empezar a validar y validarte de una manera más saludable.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
29 de abril de 2026

¿Te pasó alguna vez que estabas mal y alguien te respondió con un “ya se te va a pasar”?
¿O que intentaste expresar lo que sentías y terminaste sintiéndote incomprendido?
O algo todavía más sutil: ¿Te pasó de decirte a vos mismo “no debería sentirme así”?
Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, es posible que hayas experimentado invalidación emocional.
Y aunque muchas veces pasa desapercibida, su impacto puede ser profundo.
La invalidación emocional ocurre cuando nuestras emociones:
no son reconocidas
son minimizadas
son juzgadas
o directamente ignoradas
Puede venir de otras personas, pero también de nosotros mismos. Frases como:
“no es para tanto”
“hay gente que la pasa peor”
“no deberías sentirte así”
pueden parecer inofensivas, pero en realidad envían un mensaje claro: lo que sentís no está bien
Las emociones cumplen una función fundamental: nos informan, nos orientan, nos conectan con lo que necesitamos. Cuando esas emociones son invalidadas, algo se rompe:
dejamos de confiar en lo que sentimos
empezamos a cuestionarnos constantemente
aparece la confusión emocional
se debilita la autoestima
Y muchas veces, sin darnos cuenta, aprendemos a reprimir, a callar, a minimizar, a desconectarnos.
Es fácil identificar cuando alguien más invalida lo que sentimos, pero ¿qué pasa cuando lo hacemos nosotros mismos?
Decirte: “no debería afectarme”, “estoy exagerando”, “soy muy sensible” también es invalidarte.
Y muchas veces aprendimos esto en nuestra historia:
en entornos donde no había espacio para expresar emociones, donde se priorizaba “ser fuerte”, o donde simplemente nadie enseñó a validar.
Validar no significa estar de acuerdo, ni justificar todo. Validar es algo mucho más simple y profundo: reconocer que lo que sentís tiene sentido para vos
Es poder decir: “entiendo por qué te sentís así”, “tiene lógica que esto te afecte”
Y esto cambia completamente la experiencia emocional, porque cuando una emoción es validada, se regula. Cuando es invalidada, se intensifica.
Validar emociones:
fortalece la autoestima
mejora la regulación emocional
reduce la intensidad del malestar
favorece vínculos más sanos
genera confianza y seguridad
Cuando nos sentimos escuchados y comprendidos bajamos la guardia. Y ahí es donde realmente podemos procesar lo que nos pasa.
Validar no requiere grandes discursos, a veces, son pequeños gestos los que hacen la diferencia.
Estar presente, sin interrumpir, sin apurarse a dar soluciones.
Intentar comprender desde el lugar del otro, no desde el propio.
Frases como “no es para tanto” o “ya va a pasar” suelen cerrar más que ayudar.
No todo necesita ser corregido, muchas veces solo necesita ser escuchado.
Este es quizás el desafío más importante. Pero podés empezar por algo simple:
poner en palabras lo que sentís
permitirte sentir sin juzgar
preguntarte qué necesitás en ese momento
En lugar de decir: “no debería sentir esto”, probar con: “esto es lo que estoy sintiendo ahora y está bien registrarlo”
No significa quedarte ahí para siempre, sino registrarlo para poder empezar desde un lugar más amable.
¿Cómo reaccionás cuando alguien te cuenta algo que le duele?
¿Y cómo reaccionás cuando eso mismo te pasa a vos?
Muchas veces somos comprensivos con otros, pero muy duros con nosotros mismos.
Cuando la invalidación es constante, puede dejar huellas:
dificultad para identificar emociones
miedo a expresarse
necesidad constante de aprobación
inseguridad en los vínculos
tendencia a minimizar el propio malestar
Por eso, aprender a validar suele ser un proceso profundamente reparador.
Tus emociones no son un problema a eliminar, son una señal, un mensaje, una parte de vos que necesita ser escuchada. Y quizás hoy puedas empezar con dejar de pelearte con lo que sentís y empezar a preguntarte: ¿qué me está queriendo decir esto?
La terapia puede ser un espacio seguro para aprender a identificar, comprender y validar tus emociones sin juicio. Trabajar esto puede mejorar tu relación con vos mismo y también con los demás. Si querés empezar este proceso, podés ponerte en contacto conmigo.

¿Alguna vez te preguntaste por qué en terapia a veces “hay tarea”? Lejos de ser una obligación, las tareas entre sesiones son una herramienta fundamental para generar cambios reales y sostenidos. En este artículo te cuento un poco por qué marcan la diferencia en el proceso terapéutico.

Los celos son una emoción frecuente en las relaciones, pero cuando se intensifican pueden generar malestar y conflictos. En este artículo te invito a comprenderlos en profundidad y a encontrar formas más saludables de vincularte.

La autoestima se construye día a día. ¿Cómo empezamos a valorarnos más? En este artículo te comparto claves para fortalecer tu relación con vos mismo y cultivar una autoestima más saludable y real.