Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando. Y aunque el trabajo puede brindarnos crecimiento, estabilidad y propósito, también puede convertirse en una fuente importante de estrés y agotamiento. ¿Cómo cuidarnos sin descuidar nuestras responsabilidades? Te comparto algunas herramientas y reflexiones para construir un vínculo más saludable con el trabajo.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
18 de mayo de 2026

Vivimos en una época donde estar ocupado parece haberse convertido en un valor: responder rápido, producir más, estar disponibles todo el tiempo “no parar”.
Y en medio de ese ritmo constante, muchas veces aparece algo que intentamos ignorar: el cansancio, no solo físico, también mental y emocional.
Porque aunque el trabajo puede ser una fuente de satisfacción, crecimiento y estabilidad, también puede convertirse en un espacio de presión constante si no aprendemos a cuidarnos dentro de él.
Y ahí surge una pregunta importante: ¿qué lugar ocupa nuestra salud mental en la rutina laboral?
Pasamos una enorme cantidad de horas trabajando y eso hace que nuestro bienestar emocional inevitablemente se vea atravesado por lo que ocurre en ese ámbito:
el nivel de exigencia
el ambiente laboral
las relaciones con compañeros o superiores
la carga de responsabilidades
la sensación de reconocimiento (o su falta)
Muchas veces naturalizamos vivir cansados, estresados o mentalmente saturados, como si fuera “parte de ser adulto”, como si no hubiera otra opción. Pero sostener altos niveles de estrés durante mucho tiempo tiene consecuencias reales.
A veces el agotamiento no aparece de golpe, se va instalando de manera gradual. Puede verse como:
irritabilidad constante
dificultad para descansar incluso fuera del trabajo
sensación de estar “en automático”
falta de motivación
ansiedad anticipatoria antes de comenzar la jornada
dificultad para concentrarse
cansancio emocional
sensación de no llegar nunca a todo
Y muchas personas siguen funcionando así durante meses o años.
Cuidar tu salud mental no implica dejar de ser responsable, implica entender que vos también necesitás límites, descanso y espacios propios. Porque rendir constantemente sin pausas no es sostenible.
Y aunque muchas veces sentimos culpa por frenar, descansar también es una necesidad, no un premio.
Uno de los grandes problemas actuales es que el trabajo no siempre termina cuando termina el horario laboral: los mensajes siguen llegando, las notificaciones aparecen, continuamos conectados.
Por eso, aprender a poner límites es fundamental. Poder definir horarios, respetar tiempos de descanso, evitar responder todo inmediatamente.
Porque estar disponible las 24 horas no significa ser más comprometido, muchas veces solo significa estar más agotado.
A muchas personas les cuesta pedir ayuda, expresar incomodidad o decir que algo las está sobrepasando.
Pero comunicar lo que necesitás no es debilidad, es autocuidado. Hablar de:
sobrecarga laboral
necesidad de organización
tiempos realistas
malestar emocional
puede ayudar a prevenir situaciones de estrés sostenido.
Y aunque no siempre podamos cambiar todo el contexto laboral, sí podemos intentar construir formas más saludables de habitarlo.
A veces estamos tan enfocados en cumplir, que dejamos de preguntarnos cómo nos sentimos.
Es importante hacer pequeñas pausas y revisar:
¿Qué cosas me generan más estrés?
¿Qué dinámicas me desgastan?
¿Qué aspectos del trabajo disfruto?
¿Cómo me siento al terminar el día?
Conocerte emocionalmente también te ayuda a detectar cuándo algo empieza a afectarte demasiado.
Desconectar no es solamente “no trabajar”, es permitirle al cuerpo y a la mente salir del estado constante de exigencia. Y esto hoy se volvió muy difícil, muchas personas sienten culpa cuando descansan, sienten que deberían estar “aprovechando el tiempo”.
Pero el descanso no es pérdida de tiempo, es recuperación. Dedicar tiempo a:
hobbies
vínculos
actividad física
ocio
momentos de calma
también es parte de la salud mental.
Las relaciones laborales tienen un impacto enorme en cómo vivimos nuestro día a día. Sentirte escuchado, acompañado o respetado puede cambiar completamente la experiencia laboral.
Por eso, fomentar vínculos positivos con colegas puede convertirse en una gran fuente de apoyo emocional.
No se trata de ser amigo de todos, pero sí de construir entornos más humanos.
Hay frases que escuchamos constantemente:
“así es el trabajo”
“todos estamos estresados”
“hay que aguantar”
Y aunque el estrés es parte de la vida, vivir permanentemente agotados no debería convertirse en la norma. Porque cuando ignoramos sistemáticamente nuestras necesidades emocionales, el cuerpo y la mente terminan pasando factura.
Existe la idea de que cuidar la salud mental nos vuelve menos productivos, pero en realidad ocurre lo contrario porque cuando una persona está emocionalmente mejor:
piensa con más claridad
tiene mayor creatividad
puede concentrarse mejor
toma decisiones más saludables
se vincula de forma más efectiva
Cuidarte no te aleja del rendimiento, lo hace más sostenible.
¿Cuánto espacio tiene tu bienestar dentro de tu rutina laboral?
No cuánto espacio debería tener, cuánto tiene realmente.
El trabajo es una parte importante de la vida, pero no debería consumirla por completo.
Tu valor no depende únicamente de cuánto producís, ni de cuánto rendís, ni de cuánto aguantás.
Cuidar tu salud mental no es egoísmo, es necesidad.
Y quizás hoy sea un buen momento para preguntarte: ¿Qué pequeños cambios podrían ayudarte a vivir tu trabajo de una manera más saludable?
Si sentís que el estrés laboral está afectando tu bienestar, la terapia puede ayudarte a comprender qué está pasando, desarrollar herramientas para gestionar mejor el estrés y construir un vínculo más sano con el trabajo y con vos mismo.
Si querés comenzar, podés ponerte en contacto conmigo por mensaje privado.

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