El estrés forma parte de la vida diaria, pero cuando se vuelve constante puede afectar nuestro bienestar emocional y físico. ¿Cómo podemos gestionarlo sin sentirnos desbordados? En este artículo te comparto herramientas que podrían ayudarte a transitar el día a día con mayor calma y equilibrio.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
30 de marzo de 2026

¿Sentís que vivís corriendo de una cosa a otra?
¿Que tu cabeza no se detiene ni siquiera cuando termina el día?
¿Que lo cotidiano se vuelve abrumador?
El estrés es una respuesta natural de nuestro cuerpo frente a demandas o desafíos. En pequeñas dosis, puede ser útil: nos activa, nos prepara, nos ayuda a reaccionar.
Pero… ¿qué pasa cuando el estrés deja de ser algo puntual y se vuelve parte de todos los días? Ahí es donde empieza a impactar en nuestra calidad de vida.
Muchas veces asociamos el estrés a grandes problemas, pero en realidad suele construirse a partir de pequeñas cosas acumuladas:
responsabilidades laborales
exigencias personales
falta de tiempo
preocupaciones constantes
dificultad para desconectar
El problema no es solo lo que nos pasa, sino cómo lo sostenemos en el tiempo.
Y sin darnos cuenta, nuestro cuerpo empieza a hablar: cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarnos, tensión muscular, problemas para dormir…
Por eso, aprender a gestionar el estrés no es un lujo: es una necesidad.
No se trata de eliminar el estrés (porque eso no es posible), sino de aprender a regularlo. Te comparto algunas herramientas que pueden ayudarte en tu día a día:
¿Cuántas veces tu mente está en mil lugares a la vez?
El mindfulness o atención plena consiste en entrenar la capacidad de estar en el aquí y ahora, sin anticipar ni quedarnos atrapados en lo que ya pasó.
No hace falta meditar horas. Podés empezar con algo simple:
prestar atención a tu respiración durante unos minutos
registrar lo que estás haciendo sin distracciones
observar tus pensamientos sin juzgarlos
Pequeños momentos de presencia pueden generar grandes cambios.
El ejercicio físico no solo mejora la salud corporal, sino también la emocional. Cuando te movés, tu cuerpo libera endorfinas, que ayudan a reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo.
No tiene que ser algo exigente:
salir a caminar
estirarte
bailar
hacer yoga
Lo importante es encontrar algo que disfrutes.
A veces, el estrés viene de sentir que “hay demasiado”. Tener una planificación simple puede ayudarte a:
ordenar prioridades
dividir tareas grandes en pasos pequeños
evitar la sobrecarga mental
No se trata de hacer más, sino de hacer con mayor claridad.
El descanso es fundamental para regular nuestras emociones. Cuando dormimos mal:
estamos más irritables
nos cuesta concentrarnos
todo parece más difícil
Intentá generar una rutina de sueño que te permita desconectar progresivamente del día.
Decir “sí” a todo muchas veces implica decirte “no” a vos.
¿Te cuesta poner límites?
¿Sentís culpa cuando priorizás tus necesidades?
Aprender a decir “no” de manera respetuosa es una de las herramientas más importantes para reducir el estrés.
No todo depende de vos.
No todo es urgente.
Y no todo tenés que hacerlo.
Compartir lo que nos pasa alivia. Hablar con alguien de confianza o con un profesional puede ayudarte a:
ordenar lo que sentís
encontrar nuevas perspectivas
sentirte acompañado/a
A veces, poner en palabras ya es un gran paso.
La alimentación influye más de lo que creemos en nuestro bienestar. Una dieta equilibrada puede ayudarte a tener más energía y estabilidad emocional.
Pero también es importante pensar en otro tipo de consumo:
¿Qué contenido ves?
¿Qué información recibís todos los días?
Todo eso también impacta en tu nivel de estrés.
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste realmente a cuidarte?
No cuando “te sobró tiempo”, sino cuando lo elegiste.
El autocuidado no es egoísmo.
Es una forma de sostenerte.
El estrés es parte de la vida, sí. Pero no tiene por qué dominarla. Pequeños cambios en tu rutina pueden ayudarte a transitar el día a día con mayor calma, claridad y bienestar.
No se trata de hacerlo perfecto, se trata de empezar.
Si notás que el estrés está afectando tu descanso, tus vínculos o tu bienestar emocional, trabajar estos temas en terapia puede ayudarte a encontrar herramientas más personalizadas. Podés aprender a identificar qué te genera estrés, cómo regularlo y cómo construir una rutina más saludable para vos.
Si querés comenzar este proceso, podés ponerte en contacto conmigo. Estoy para acompañarte.

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