RESILIENCIA: la capacidad de reconstruirse después de la adversidad

Resiliencia es una palabra que escuchamos muy seguido, especialmente en contextos de crisis, cambios y dificultades. Pero ¿qué significa ser resiliente? ¿Se nace con esta capacidad o se puede desarrollar? En este artículo profundizamos el concepto, sus dimensiones, los factores que la fortalecen y cómo puede convertirse en un recurso para atravesar los desafíos de la vida.

Lic. Ps Marlene Schneider Móttola

Por Lic. Ps Marlene Schneider Móttola

12 de enero de 2026

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RESILIENCIA: la capacidad de reconstruirse después de la adversidad
RESILIENCIA: la capacidad de reconstruirse después de la adversidad

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es un concepto que comienza a desarrollarse con a partir del enfoque de la Psicología Positiva. Se refiere al estudio de las fortalezas y virtudes humanas que permiten adoptar una mirada más amplia sobre el potencial humano, sus motivaciones y sus capacidades.

En términos simples, puede entenderse como el proceso de afrontamiento frente a eventos vitales estresantes, dolorosos o traumáticos, que no solo permite resistir el impacto, sino también desarrollar recursos y habilidades que la persona no poseía antes de atravesar esa experiencia. No se trata de “no sufrir”, sino de poder reorganizarse internamente y seguir adelante, incluso cuando la vida se rompe tal como la conocíamos.

¿Ser resiliente significa no quebrarse?

¡NO! Una idea frecuente y errónea es asociarla con la fortaleza absoluta o la ausencia de dolor. Ser resiliente no implica no llorar, angustiarse o sentirse desbordado. Es permitirse atravesar el dolor, reconocer las emociones y, con el tiempo, encontrar nuevas formas de adaptarse a la realidad.

Es un proceso dinámico que se construye a lo largo de la vida y que puede fortalecerse con el acompañamiento adecuado.

Factores de riesgo y factores protectores

A lo largo de la vida, las personas suelen verse expuestas a distintos factores de riesgo, como la pobreza, los conflictos familiares, la violencia, el abuso de sustancias, enfermedades, etc. Estos factores pueden ser biológicos o ambientales y, si bien no determinan necesariamente el desarrollo de problemas, aumentan la probabilidad de que aparezcan dificultades emocionales o psicológicas.

Frente a estos riesgos, existen factores protectores que amortiguan el impacto de las adversidades y favorecen la resiliencia. Algunos de ellos son:

  • Un acercamiento activo hacia los problemas, en lugar de la evitación constante.

  • La capacidad de establecer vínculos significativos.

  • Una visión optimista —aunque realista— de las experiencias vividas.

  • La habilidad para otorgarle sentido y coherencia a la propia vida.

  • La autonomía, la curiosidad y la tendencia a buscar nuevas experiencias.

  • Una actitud proactiva frente a los desafíos cotidianos.

Estos factores no eliminan el sufrimiento, pero sí facilitan una mejor adaptación.

Las dimensiones de la resiliencia

  1. Redes sociales informales
    Contar con vínculos de apoyo: amistades, participación en actividades sociales y relaciones significativas con otros. Sentirse acompañado y comprendido es un pilar fundamental para atravesar momentos difíciles.

  2. Sentido de la vida y trascendencia
    Implica la capacidad de encontrar un propósito, un significado o una coherencia en la propia historia, incluso frente al dolor. Esto ayuda a sostener la esperanza cuando las circunstancias son adversas.

  3. Autoestima positiva
    Valorarnos, confiar en nuestras capacidades, percibirnos como merecedores de cuidado y atención. Esta autovaloración favorece la iniciativa y la búsqueda de ayuda cuando es necesario.

  4. Aptitudes y destrezas
    Hace referencia a la capacidad de desarrollar competencias personales y confiar en ellas. Reconocer los propios recursos fortalece la sensación de autoeficacia.

  5. Sentido del humor
    La capacidad de reír, jugar y conectar con emociones positivas incluso en contextos difíciles. El humor no niega el dolor, pero puede aliviarlo y ofrecer nuevas perspectivas.

¿Se puede aprender a ser resiliente?

La resiliencia no es una cualidad fija ni exclusiva de algunas personas. Puede desarrollarse y fortalecerse a lo largo del tiempo, especialmente cuando existe un espacio para reflexionar sobre las experiencias y construir nuevas estrategias de afrontamiento.

La terapia psicológica puede ser un espacio clave para trabajar la resiliencia, ya que permite identificar recursos, revisar creencias limitantes, fortalecer la autoestima y aprender a transitar las crisis de una manera más saludable.

Para cerrar

La resiliencia no significa volver a ser quien eras antes de una pérdida o una crisis, sino convertirte en alguien nuevo, con más recursos y mayor autoconocimiento. Cada experiencia difícil puede transformarse en una oportunidad de crecimiento cuando se cuenta con el acompañamiento y las herramientas adecuadas.

Si estás atravesando un momento desafiante o sentís que te cuesta recuperarte de una experiencia dolorosa, buscar ayuda profesional puede ser un primer paso para fortalecer tu resiliencia. Si lo deseás, podés ponerte en contacto conmigo para comenzar o retomar tu proceso terapéutico.