Los ataques de pánico pueden ser experiencias extremadamente intensas tanto para quien los vive como para quienes están alrededor intentando ayudar. En este artículo vas a encontrar pautas claras, simples y efectivas para acompañar a una persona durante un episodio, desde una mirada empática y psicológicamente informada.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
30 de noviembre de 2025

¿Alguna vez estuviste cerca de alguien que comenzó a respirar muy rápido, sintió que se iba a desmayar o incluso que podía morir?
¿Te sentiste sin saber qué hacer o cómo acompañar?
Los ataques de pánico son respuestas de alarma del cuerpo frente a un nivel de estrés muy elevado. Surgen de manera abrupta y generan sensaciones físicas tan intensas que la persona suele creer que está atravesando una emergencia médica.
Reconocer lo que está ocurriendo es el primer paso para poder ayudar.
Algunos síntomas frecuentes incluyen:
Respiración rápida o sensación de falta de aire
Palpitaciones o presión en el pecho
Mareos o sensación de desmayo
Hormigueos, temblor o sudoración
Sensación de “irrealidad”
Miedo intenso a morir, perder el control o “volverse loco”
Saber esto te permite comprender que la experiencia es real, intensa y muy angustiante, aunque no necesariamente peligrosa.
La persona está en un estado de desborde. Tu serenidad puede ser un “ancla” que ayude a disminuir la escalada del miedo. Tu presencia tranquila comunica seguridad.
Podés decir cosas como:
“Estoy acá con vos.”
“Sé que es muy intenso, pero va a pasar.”
“No estás solo/a.”
Evitar frases como “calmate”, “no es para tanto” o “no pasa nada”, porque pueden aumentar la sensación de incomprensión.
Sugerí una respiración sencilla, que ayude a regular:
Inhalar 4 segundos – sostener 4 – exhalar 4.
Hacerlo juntos puede mejorar mucho la eficacia.
El tono importa tanto como las palabras. Un ritmo lento y respetuoso ayuda al sistema nervioso a reducir la activación.
Preguntá:
“¿Preferís hablar o que solo me quede acompañándote?”
“¿Querés que hagamos una distracción suave? Podemos nombrar colores a nuestro alrededor o cosas que podamos ver.”
Esto devuelve agencia y control a la persona.
Los ataques de pánico no indican debilidad ni falta de carácter. Son respuestas humanas ante el miedo y el estrés.
Cuando la persona esté estable, podés decirle que existen herramientas terapéuticas muy efectivas para tratar los ataques de pánico y que pedir ayuda es válido y valiente.
Si lo permite, tu sola presencia puede ser profundamente reconfortante. A veces no hace falta decir demasiado: solo estar.
Acompañar a alguien en un ataque de pánico es un acto de cuidado emocional. Tu escucha, tu calma y tu comprensión pueden marcar la diferencia en un momento de extremo malestar.
Si estás pasando por esto o querés aprender a acompañar mejor, podés comunicarte conmigo. Podemos trabajar estrategias para manejar la ansiedad, entender qué la desencadena y construir recursos que te brinden mayor seguridad emocional. Estoy para acompañarte en este proceso.

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