La procrastinación no es pereza: es un mecanismo emocional que nos protege (mal) del miedo, la incertidumbre y la incomodidad. Comprender por qué posponemos nos ayuda a recuperar el control y avanzar hacia nuestros objetivos. Te cuento cómo identificarla, por qué aparece y qué podés hacer para romper el ciclo.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
17 de noviembre de 2025

¿Alguna vez sentiste esa mezcla de culpa y ansiedad mientras una tarea pendiente te observaba desde un rincón de tu mente?
La procrastinación es más que “dejar las cosas para después”. Es reemplazar tareas importantes por actividades más placenteras o irrelevantes, incluso sabiendo que posponer tendrá consecuencias negativas.
Pero acá está el punto clave: No procrastinamos por falta de capacidad. Procrastinamos porque algo en esa tarea nos incomoda emocionalmente.
Hacer una tarea puede despertar emociones que queremos evitar: miedo al fracaso, temor a no hacerlo perfecto, ansiedad por no saber por dónde empezar, o simplemente aburrimiento extremo.
La procrastinación funciona como un “analgésico momentáneo”.
Posponemos → baja la incomodidad → sentimos alivio temporal.
Pero luego vuelve la ansiedad, y el ciclo se repite.
¿Te identificás con alguno de estos motivos?
“No va a quedar bien, mejor lo hago más adelante.”
“Todavía tengo tiempo…”
“Necesito estar inspirado/a.”
“Empiezo después de comer… después de la siesta… después de ver este reel…”
Esas actividades que mantienen el orden de la vida, pero no dan placer:
• Ir al banco
• Pedir un turno médico
• Hacer trámites
• Ordenar papeles
• Hacer las compras
Las más valiosas… y las más postergadas.
• Comenzar actividad física
• Cambiar hábitos nocivos
• Iniciar un proyecto propio
• Dedicar tiempo a estudiar algo nuevo
Son tareas que requieren constancia, disciplina y vulnerabilidad.
Tal vez las que más consecuencias generan: entrega de informes, responder emails, preparar algo con anticipación, estudiar para una capacitación…
Posponer estas tareas no solo afecta el rendimiento, sino también la confianza que otros depositan en nosotros.
Postergar constantemente puede generar:
Aumento de la ansiedad
Sensación de estancamiento
Problemas de organización
Baja autoestima - “¿Por qué nunca hago lo que digo?”
Tensiones en relaciones personales y laborales
Pérdida de oportunidades
La procrastinación no es solo un “hábito”, es una trampa emocional que puede desgastarnos profundamente.
1. Hacé la tarea más pequeña
2. Usá tiempos cortos: 5 o 10 minutos
3. Eliminá distracciones visibles
4. Practicá la autocompasión
5. Celebrá cada avance
La procrastinación no es un problema de capacidad, sino de emociones. Aprender a manejarlas te permite tomar decisiones más conscientes y recuperar el control de tus metas.
Si sentís que la procrastinación está afectando tu vida diaria, tus relaciones o bienestar emocional, no tenés por qué enfrentarlo solo.
Te invito a escribirme para comenzar un acompañamiento terapéutico personalizado, pensado para ayudarte a comprender tus bloqueos, fortalecer tu motivación y construir hábitos que te acerquen a la vida que querés.
El mejor momento para empezar… es este.

Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando. Y aunque el trabajo puede brindarnos crecimiento, estabilidad y propósito, también puede convertirse en una fuente importante de estrés y agotamiento. ¿Cómo cuidarnos sin descuidar nuestras responsabilidades? Te comparto algunas herramientas y reflexiones para construir un vínculo más saludable con el trabajo.

¿Alguna vez te dijeron “no es para tanto” o “dejá de exagerar”? La invalidación emocional puede afectar profundamente cómo nos sentimos con nosotros mismos y con los demás. En este artículo te invito a empezar a validar y validarte de una manera más saludable.

¿Alguna vez te preguntaste por qué en terapia a veces “hay tarea”? Lejos de ser una obligación, las tareas entre sesiones son una herramienta fundamental para generar cambios reales y sostenidos. En este artículo te cuento un poco por qué marcan la diferencia en el proceso terapéutico.