Vivir en un vínculo violento no es una cuestión de “fortaleza” o “debilidad”. Es un ciclo que puede atraparte mentalmente, emocionalmente y físicamente. Reconocer las señales es el primer paso para liberarte.
Lic. Ps Marlene Schneider Móttola
10 de noviembre de 2025

La violencia en las parejas no siempre se manifiesta con golpes. De hecho, muchos vínculos dañinos comienzan con pequeñas descalificaciones, comentarios sarcásticos o gestos de control.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia ejercida por un compañero íntimo abarca cualquier comportamiento que cause daño físico, sexual o psicológico. Y sí, puede suceder tanto en relaciones actuales como pasadas.
¿Es normal que una relación tenga tensiones?
Claro que sí. Pero no es normal vivir en un estado de sometimiento, miedo o culpa. Si constantemente sentís que debés medir tus palabras, que no podés ser vos mismo o que tenés que “manejar” las emociones de tu pareja para evitar conflictos, es momento de prestar atención.
Una de las características más desgastantes de los vínculos violentos es que pasan por fases repetitivas:
Acumulación de tensión:
Gritos, celos, discusiones, descalificaciones. Todo parece volverse insoportable.
Explosión:
Estalla la violencia. Pueden ser golpes, empujones, insultos crueles, amenazas o agresión sexual.
Luna de miel:
El agresor pide perdón, promete cambiar, llora, trae regalos. Parece que “todo va a mejorar”… hasta que el ciclo vuelve a empezar.
Con el tiempo, estas fases se aceleran. Lo que antes tardaba semanas, pasa a tomar solo días u horas. Y en muchos casos, desaparece la “luna de miel”. La violencia se vuelve cotidiana.
No es “menos grave” si no hay golpes. La violencia psicológica afecta profundamente la mente y el cuerpo de quien la padece.
Entre sus efectos más comunes están:
Ansiedad, ataques de pánico
Depresión y baja autoestima
Aislamiento social
Trastornos del sueño
Miedo constante
Sentimientos de culpa o vergüenza
Consumo de sustancias como forma de escape
El control sobre tu ropa, tus redes sociales, tu dinero o tus amistades también es violencia. La manipulación emocional y el chantaje no son “pruebas de amor”: son señales de peligro.
Si tu pareja…
✋ Te ridiculiza en privado o en público
✋ Te dice qué podés o no ponerte
✋ Controla tus redes, tu celular o con quién hablás
✋ Te culpa de sus reacciones o arranques
✋ Rompe objetos cuando se enoja
✋ Ignora tus emociones o te castiga con silencio
✋ Te aísla de amigos, familia o trabajo
… entonces te encontrás en un vínculo violento.
No estás exagerando. No estás solo. No es tu culpa.
Romper con un vínculo violento requiere apoyo. Puede ser a través de psicoterapia, grupos de contención, organizaciones especializadas o una red de personas de confianza.
Recordá: amar no significa sufrir. Toda relación sana se basa en respeto, cuidado y libertad.
Si te sentís identificado con lo que leíste, o conocés a alguien que podría estar viviendo algo similar, muchas veces un espacio seguro de escucha puede ser el comienzo de un cambio real.

Hoy quiero hablar de algo que muchas personas sienten, pero no siempre se animan a nombrar con claridad.

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